¿Cree que su salud depende principalmente de su médico?

Su esperanza de vida probablemente depende más de sus gobernantes que de sus científicos. La política también es medicina.

¿Cree que su salud depende principalmente de su médico?

La política también es medicina: por qué su esperanza de vida depende más de los gobernantes que de los médicos

Todos conocemos a alguien que cuida obsesivamente su salud. Hace ejercicio, controla su alimentación, no olvida sus medicamentos y acude regularmente a sus chequeos médicos. Sin embargo, esa misma persona suele decir con orgullo:

"Yo no me meto en política."

Es una frase frecuente... y profundamente equivocada.

Mi tesis puede parecer provocadora, pero la historia la confirma una y otra vez:

La expectativa de vida de una población depende más de la calidad de sus gobernantes que de la brillantez de sus científicos.

No porque la ciencia sea menos importante. Todo lo contrario.

Los científicos descubren vacunas, antibióticos, tratamientos contra el cáncer, nuevas técnicas quirúrgicas y medicamentos revolucionarios. Pero son los políticos quienes deciden si esos avances llegarán realmente a la población.

La ciencia genera conocimiento.

La política decide quién se beneficia de él.

La salud comienza mucho antes del hospital

Cuando pensamos en salud, solemos imaginar consultorios, hospitales o laboratorios.

Sin embargo, los factores que más determinan cuánto vivimos rara vez nacen dentro de un hospital.

El agua potable es una decisión política.

El alcantarillado es una decisión política.

La recolección de basura es una decisión política.

La calidad de los alimentos depende de regulaciones políticas.

La vacunación masiva depende de decisiones políticas.

El presupuesto de salud pública depende de decisiones políticas.

La formación de médicos y enfermeras depende de decisiones políticas.

Incluso la rapidez con la que una ambulancia puede llegar hasta usted depende, en parte, de políticas de infraestructura y transporte.

En otras palabras, la política influye sobre su salud mucho antes de que aparezca una enfermedad.

Los países no enferman por falta de ciencia

Cuando observamos los países con mayor esperanza de vida encontramos un patrón muy claro.

No necesariamente poseen los mejores médicos del planeta.

Lo que sí tienen son instituciones relativamente sólidas, administraciones eficientes y gobiernos capaces de mantener políticas públicas durante décadas.

En cambio, los países donde la población vive menos suelen compartir otro rasgo: malas decisiones de gobierno.

No porque desconozcan la medicina moderna.

Sino porque fallan en administrarla.

La pandemia nos dejó una gran lección

El COVID-19 fue probablemente el mayor experimento natural de salud pública de nuestra generación.

El virus era prácticamente el mismo para todos.

La información científica también.

Sin embargo, algunos países tuvieron resultados mucho mejores que otros.

¿Por qué?

Porque las respuestas políticas fueron diferentes.

Hubo gobiernos que escucharon a sus científicos, comunicaron con transparencia y coordinaron eficazmente los recursos disponibles.

Otros improvisaron, politizaron la pandemia, ocultaron información o reaccionaron demasiado tarde.

La diferencia no estuvo únicamente en la biología del virus.

Estuvo en la calidad del liderazgo.

Los políticos también pueden ser letales

Cuando pensamos en gobernantes peligrosos solemos imaginar corrupción o crisis económicas.

Pero la historia demuestra algo aún más dramático.

Las peores decisiones políticas producen enormes consecuencias sanitarias.

Las guerras destruyen hospitales.

Interrumpen campañas de vacunación.

Provocan hambrunas.

Generan epidemias.

Desplazan millones de personas.

Producen traumas psicológicos que perduran durante generaciones.

Una mala decisión política puede costar más vidas que muchas enfermedades.

Su voto también es una decisión de salud

Cuando acudimos a votar solemos pensar en economía, seguridad o impuestos.

Pero rara vez pensamos que también estamos votando por nuestra salud.

Estamos votando por:

  • la calidad del sistema sanitario;
  • el acceso a medicamentos;
  • la formación del personal médico;
  • la respuesta frente a futuras epidemias;
  • la investigación científica;
  • la protección ambiental;
  • la seguridad alimentaria.

En definitiva, estamos votando por nuestra esperanza de vida.

La prevención también existe en política

Como médico aprendí que la mejor medicina sigue siendo la prevención.

Como ciudadano he llegado a una conclusión similar.

La mejor salud pública comienza mucho antes del consultorio.

Comienza cuando una sociedad exige instituciones fuertes, transparencia, competencia técnica y gobernantes capaces de pensar más allá del próximo proceso electoral.

No todos disfrutamos del debate político.

Y eso es perfectamente comprensible.

Pero desentenderse de la política no evita sus consecuencias.

Porque la política seguirá decidiendo cuánto se invierte en hospitales, qué medicamentos estarán disponibles, quién dirigirá el sistema sanitario y qué tan preparada estará una nación para enfrentar la próxima crisis.

La próxima vez que alguien diga:

"Yo no hablo de política."

Quizás convenga recordarle algo muy sencillo.

La política también es medicina.

La diferencia es que, mientras un médico atiende a un paciente, un buen gobierno puede proteger la salud de millones de personas.

DrCisneros

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