La democracia necesita mejores líderes, no menos democracia

La democracia necesita mejores líderes, no menos democracia

Después de más de setenta años de vida, sigo siendo un firme creyente en la democracia. No porque piense que es un sistema perfecto, sino porque sigo convencido de que es el mejor sistema político que la humanidad ha logrado construir.

Precisamente porque valoro la democracia, creo que debemos mejorar uno de sus puntos más débiles: la forma en que seleccionamos a quienes aspiran a dirigir una nación.

Prácticamente todas las profesiones que implican una gran responsabilidad exigen años de formación, entrenamiento, experiencia y evaluación. Esperamos que médicos, ingenieros, jueces, pilotos y oficiales militares demuestren su competencia antes de confiarles la vida de otras personas.

¿Por qué habría de ser diferente para quien aspira a la Presidencia de un país?

Gobernar una nación es, probablemente, la tarea más compleja que existe en una sociedad. Sin embargo, en muchas democracias, ganar una elección depende más de la capacidad para hacer campaña que de un historial comprobado de liderazgo.

Creo que la política debería convertirse en una verdadera profesión, con un camino claro de preparación y servicio público.

Quien aspire a la Presidencia debería primero aprender, luego servir y, finalmente, liderar.

El gobierno municipal, el gobierno estatal o regional y la experiencia en el Poder Legislativo nacional deberían formar parte de una trayectoria que permita adquirir experiencia, asumir responsabilidades y ofrecer a los ciudadanos la oportunidad de evaluar no solo lo que un candidato promete, sino, sobre todo, lo que realmente es capaz de hacer.

Pero existe un aspecto aún más importante.

El tiempo revela algo que ninguna campaña electoral puede mostrar: el carácter.

Años de servicio público permiten observar la integridad, el criterio, la madurez emocional, el respeto por la ley y la forma en que una persona ejerce el poder cuando lo tiene en sus manos.

La historia demuestra que muchas naciones no han sido destruidas por la falta de inteligencia de sus gobernantes, sino por líderes cuya personalidad los hizo incapaces de aceptar críticas, respetar las instituciones o colocar el bien común por encima de sus intereses personales.

Esta propuesta no busca restringir la democracia.

Busca fortalecerla.

Todo ciudadano debería tener el derecho de aspirar a la Presidencia, pero solo después de haber demostrado, mediante años de servicio público, competencia, integridad y capacidad para ejercer el liderazgo con responsabilidad.

La democracia no se debilita cuando el mérito importa.

Se fortalece.

Quizá la pregunta ya no sea si los ciudadanos deben tener el derecho de elegir a sus gobernantes.

La verdadera pregunta es si la democracia no debería hacer un mejor trabajo preparando a esos gobernantes antes de pedirnos que pongamos en sus manos el futuro de una nación.

Dr. Jose A Cisneros
drcisneros.com

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