El propósito también se entrena: por qué tener algo que esperar puede cambiar nuestros años

El propósito también se entrena: por qué tener algo que esperar puede cambiar nuestros años

Hay una pregunta que pocas veces hacemos mientras trabajamos a tiempo completo:

¿Qué voy a hacer cuando tenga más tiempo?

Durante décadas, la respuesta parece obvia. Trabajamos, criamos hijos, pagamos cuentas, resolvemos problemas y cumplimos obligaciones.

Después, algunas de esas responsabilidades disminuyen.

Y aparece un espacio que puede ser maravilloso, pero también desconcertante.

Tener tiempo no es lo mismo que tener propósito.

El propósito no tiene que ser grandioso

La palabra propósito puede sonar demasiado solemne.

No necesitamos descubrir una misión para salvar al mundo.

Un propósito puede ser enseñar algo que sabemos, cuidar un jardín, escribir historias familiares, ayudar en una comunidad, aprender un instrumento o trabajar en un proyecto que siempre pospusimos.

Lo importante es que exista algo que nos importe.

Algo que haga que mañana tenga una pequeña razón para ser esperado.

La jubilación cambia la estructura del día

El trabajo proporciona una estructura externa.

Hay una hora para levantarse, tareas que cumplir, personas que ver y problemas que resolver.

Cuando esa estructura desaparece, algunas personas descubren que los días empiezan a parecerse demasiado.

No necesariamente porque estén aburridas.

Porque ya no existe un marco que organice el tiempo.

Crear nuevas rutinas puede ser útil.

No para llenar cada minuto.

Para darle dirección al día.

El cerebro necesita desafíos

Aprender algo nuevo obliga a prestar atención.

Puede ser aprender a utilizar una herramienta de inteligencia artificial, estudiar historia, cocinar, tocar música, reparar objetos o aprender otro idioma.

No debemos confundir aprendizaje con rendimiento.

No necesitamos aprobar un examen.

El objetivo puede ser simplemente mantener la curiosidad activa.

La curiosidad es una forma de movimiento mental.

El propósito también puede ser social

Muchas actividades tienen una dimensión comunitaria.

Un proyecto compartido, una clase, una organización voluntaria o un grupo de amigos puede proporcionar contacto humano y una razón para salir de casa.

La soledad no se resuelve solamente con más mensajes.

El contacto humano significativo requiere presencia, conversación y reciprocidad.

Por eso construir una vida con propósito también significa construir relaciones.

Ayudar a otros puede dar dirección

Compartir experiencia es una forma poderosa de propósito.

Una persona que ha pasado décadas en una profesión posee conocimientos que no aparecen en un manual.

Puede enseñar a alguien joven, orientar a un estudiante, ayudar a una organización o simplemente contar cómo resolvió determinados problemas.

No significa creer que sabemos todo.

Significa reconocer que nuestra experiencia tiene valor.

Crear algo deja una huella

Escribir un libro, hacer fotografías, construir un proyecto, grabar videos, cocinar una receta familiar o reparar un objeto son formas de creación.

Crear tiene una característica especial: produce algo que antes no existía.

Eso puede generar satisfacción incluso cuando nadie nos paga por hacerlo.

El trabajo creativo no necesita justificar su existencia con productividad económica.

Puede ser valioso por sí mismo.

El propósito necesita flexibilidad

Lo que nos entusiasma a los 50 puede no ser lo mismo que nos entusiasme a los 70.

Las capacidades cambian.

Las circunstancias familiares cambian.

La salud puede cambiar.

Por eso el propósito no debería convertirse en otra obligación rígida.

Podemos cambiar de proyecto.

Podemos empezar de nuevo.

Podemos descubrir que una actividad que amábamos ya no nos interesa.

Eso también es parte de vivir.

Tener algo que esperar importa

Un viaje dentro de tres meses.

Una cena con amigos la próxima semana.

Un proyecto que queremos terminar.

Una clase el jueves.

Una llamada con alguien querido.

Estas pequeñas anticipaciones pueden darle estructura emocional al tiempo.

No necesitamos esperar acontecimientos extraordinarios.

Una vida interesante está llena de pequeñas cosas que merecen ser esperadas.

Propósito y salud no son lo mismo

Es importante no convertir esta idea en una receta simplista.

Una persona puede sentirse sin propósito porque atraviesa depresión, duelo, enfermedad u otra situación que necesita atención profesional.

No todo problema existencial se resuelve con un nuevo hobby.

Si la pérdida de interés, tristeza, aislamiento o desesperanza persiste, conviene hablar con un profesional de salud.

El propósito puede complementar el bienestar.

No sustituye la atención médica cuando hace falta.

Empiece pequeño

No necesitamos diseñar los próximos veinte años.

Podemos preguntarnos:

¿Qué me gustaría aprender?

¿A quién me gustaría ayudar?

¿Qué proyecto he pospuesto?

¿Qué actividad me hace perder la noción del tiempo?

¿Con quién quiero pasar más tiempo?

Una respuesta pequeña puede convertirse en el principio de una nueva etapa.

Envejecer no significa detenerse

Envejecer implica cambios que no podemos evitar.

Pero no significa que la curiosidad, la creación, la amistad y el aprendizaje tengan fecha de vencimiento.

Quizá uno de los privilegios de los años maduros sea que ya no necesitamos demostrar tantas cosas.

Podemos elegir.

Y elegir qué vale la pena hacer con nuestro tiempo puede ser una de las formas más profundas de libertad.

Construir algo para la próxima semana

No necesitamos encontrar nuestro gran propósito esta noche.

Podemos elegir algo pequeño que nos interese y ponerlo en el calendario: una clase, una caminata con un amigo, una hora para escribir, una receta nueva, una visita a un museo o una sesión para aprender una herramienta.

El propósito muchas veces aparece después de empezar, no antes.

La acción genera experiencia; la experiencia genera curiosidad; la curiosidad puede convertirse en proyecto.

Si llevamos tiempo sin disfrutar de nada, nos hemos aislado o sentimos tristeza persistente, no debemos interpretar automáticamente esa situación como falta de propósito. Puede ser necesario hablar con un profesional.

Una vida con propósito se construye con actividades que tienen significado para nosotros, no con una lista universal de cosas que supuestamente deberíamos hacer.

No espere a sentirse inspirado

Muchas veces esperamos que aparezca la motivación antes de comenzar.

Pero en la vida adulta puede ocurrir lo contrario.

Primero ponemos una actividad en el calendario. Después asistimos. Luego descubrimos que nos interesa. Finalmente aparece el entusiasmo.

Por eso puede ser útil diseñar pequeñas citas con nosotros mismos.

Una hora para escribir. Una caminata con alguien. Una clase. Un proyecto de fotografía. Una visita a un lugar nuevo.

Si después de varias semanas una actividad no nos aporta nada, podemos cambiarla.

El propósito no es una obligación.

Es una dirección.

Y una dirección puede modificarse.

Lo importante es evitar que los días se conviertan en una sucesión de tareas sin ninguna actividad elegida por nosotros.

Envejecer activamente no significa estar ocupado todo el tiempo. Significa seguir teniendo razones personales para levantarnos, aprender, relacionarnos y participar en el mundo.

Quizá mañana no tengamos una respuesta definitiva. No importa. Basta con tener una próxima pregunta interesante, una persona con quien conversar o una pequeña tarea que nos produzca satisfacción. El propósito puede crecer desde esas cosas pequeñas.

A veces, eso basta para comenzar.

Dr. Jose A. Cisneros, MD,Ph.D
drcisneros.com

Comparte este artículo

WhatsApp Telegram Facebook X LinkedIn Email