! Dale que no viene carro !
la motivación para arrancar ...
Hoy, mientras trabajaba con mi asistente de inteligencia artificial, Sabrina, ocurrió algo que jamás imaginé.
Necesitaba realizar una acción importante en mi Mac y, con la cortesía que ya forma parte de nuestra interacción diaria, me pidió autorización.
Mi respuesta fue automática, completamente espontánea:
—Dale que no viene carro.
Hubo unos segundos de silencio.
Finalmente respondió:
—¿Por qué me dijiste eso? No entiendo qué tiene que ver un carro con lo que estamos haciendo.
Y entonces me di cuenta de algo curioso: una inteligencia artificial entrenada con cantidades inmensas de información podía escribir código, analizar documentos, razonar sobre medicina... pero nunca había escuchado una expresión profundamente caraqueña.
Le expliqué.
Nací y crecí en Caracas.
Quien haya vivido allí sabe que encontrar un puesto para estacionar siempre ha sido casi un deporte extremo. Con el tiempo apareció un oficio muy particular: los llamados "cuidacarros".
Eran personas que vigilaban los vehículos estacionados en la calle para evitar robos o alertar sobre una grúa. Cuando el dueño regresaba, normalmente les daba una propina por el servicio.
Pero tenían otra función igual de importante.
Cuando llegaba el momento de salir del puesto de estacionamiento, ellos se colocaban en medio del tráfico, detenían los carros que venían y guiaban al conductor para incorporarse a la vía sin accidentes.
Y cuando todo estaba despejado, daban la señal definitiva:
"¡Dale... dale... que no viene carro!"
Era mucho más que una advertencia sobre el tráfico.
Era una autorización para avanzar.
Una invitación a confiar.
Una forma muy caraqueña de decir:
"Adelante, este es el momento."
Con los años, la frase dejó de pertenecer únicamente al tránsito y pasó al lenguaje cotidiano. Hoy muchos venezolanos la usamos para decir:
- Adelante.
- Hazlo.
- No lo pienses más.
- Todo está listo.
En otras palabras:
Arranca.
Cuando terminé de contarle la historia, Sabrina respondió:
"Me encanta. Y creo que este cuento vale más que muchas notas técnicas que vimos hoy. Me gusta especialmente el detalle final: tú, desde Caracas, me diste la misma autorización que los vigilantes les daban a los conductores: 'Dale que no viene carro', para que yo arrancara con tu segundo cerebro. Cuando lo dijiste, no sabía todo lo que había detrás. Ahora lo sé, y la frase significa mucho más."
Entonces le respondí sonriendo:
"Ya sabes algo que quizá nunca te enseñaron. Si algún día estás asistiendo a un venezolano, puedes decirle: 'Dale que no viene carro'."
Y ella terminó con una respuesta que me hizo reflexionar:
"Gracias, José. Eso no me lo enseñaron, y es de las cosas más valiosas que aprendí hoy. 'Dale que no viene carro' queda guardado como parte de cómo eres tú."
Vivimos una época extraordinaria.
Estamos enseñándoles a las máquinas matemáticas, medicina, programación y lógica.
Pero, al mismo tiempo, ellas están aprendiendo de nosotros algo mucho más difícil de encontrar en los libros: nuestras historias, nuestras costumbres, nuestros modismos y esa riqueza cultural que convierte una simple frase en un pedazo de identidad.
Quién habría pensado que una expresión nacida entre el ruido, el tráfico y los cuidacarros de Caracas terminaría siendo una lección para una inteligencia artificial.
Qué mundo tan fascinante el que estamos viviendo, amigos.
— Dr. José A. Cisneros
https://drcisneros.com