Un llamado a los jovenes Venezolanos de hoy

Un llamado a los jovenes Venezolanos de hoy
Dos etapas de mi vida 1972 y mi 2022
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En la unión está la Fuerza

Joven Ayacucho. En 1972 yo tenía 18 años. Estaba empezando a estudiar medicina y la Venezuela de entonces ofrecía unas grandes oportunidades y un gran reto a la juventud. Nos llamaron la juventud Ayacucho.

La más grande oportunidad, pero también la más grande responsabilidad de transformar el país. Después de tres períodos constitucionales, uno de Rómulo Betancourt, que se caracterizó por una lucha contra la insurgencia comunista castrista en Venezuela, pasando por un período de crecimiento económico con Leoni y de inversión en las empresas básicas de Guayana.

Recuerdo el reto de transformar el país a través de sus industrias básicas. Entonces vino el período de Caldera, que recuerdo haberse caracterizado por la pacificación del país. Probablemente el único país latinoamericano donde la guerrilla castro-comunista bajó de la montaña y se incorporó pacíficamente a la vida democrática exitosamente, Esto le dio al país una tranquilidad de que las cosas iban a estar mejor. Luego vino CAP, Carlos Andrés Pérez. este hombre sí camina. Y en un país mayoritariamente joven, esto se combinó con la nacionalización del petróleo y la bonanza petrolera, la cual le dio al Estado una capacidad enorme de avanzar el país y transformarlo socioeconómicamente, un llamado fue a los jóvenes para que se educaran.

Ya los tres períodos democráticos anteriores habían hecho una gran transformación. Recuerdo, porque yo vivía cerca de dos liceos públicos, el Santos Michelena y el Rafel Urdanet. Yo venía de un extraordinario liceo público, el Liceo Urbaneja Achelpoh. previamente había estado en una extraordinaria escuela pública, la Unidad Escolar Gran Colombia. En dos platos, formé parte de una generación privilegiada, cuya educación pública, cuya atención médica gratuita.

Recuerdo que varias veces que me caí tuve que aterrizar en el puesto de socorro de Salas, en la esquina de Salas. Una clínica publica extraordinaria. Yo en esa época no tenía capacidad de evaluar la calidad de la clínica, pero solo sé que mi mamá me llevaba, me enyesaban o me suturaban y me devolvían para la calle y mi mamá no tenía que pagar nada. la atención médica era de primera.

Mis familiares y amigos, cuando los hospitalizaban en el Hospital Universitario de Caracas, los operaban en un hospital que tenía instalaciones comparables a las mejores clínicas del mundo. Así era el Hospital Universitario de Caracas. Y ya se habían hecho inversiones importantes en el Domingo Luciani y en muchos otros hospitales de primera categoría del sector público. Nos íbamos a bañar a la ciudad vacacional Los Caracas.

No creo que ninguno de los clubes privados de esa época tuviera la calidad y las cabañas de Villa Larga, allá en la unidad vacacional Los Caracas, disponible para cualquier empleado público, cualquier obrero podía plantearse unas vacaciones de una semana o de un fin de semana en ese balneario, y los balnearios públicos también eran muy buenos todos.

El transporte público eran autobuses Mercedes Benz de la famosa EMTSA. En esa época, traídos por el gobernador era Diego Arrias. Bueno, eso es para darles una idea de lo que era la Venezuela de 1972. Yo estaba nada más y nada menos que entrando a la Escuela de Medicina José María Vargas, de la UCV, gratuita, para seis años después graduarme de médico cirujano.

En ese momento la juventud venezolana aceptó el reto de una Venezuela pujante, entusiasta y que no tenía límites. Estábamos conducidos por una combinación de políticos demócratas respetuosos de la ley y que eran duramente criticados por una prensa totalmente libre y totalmente activa en la oposición. Prensa, radio y televisión.

Para esa época no se salvaba nadie. Los humoristas tenían total libertad de burlarse del presidente Pérez, del presidente Caldera, de cualquier presidente que tuviera la oportunidad de ir a “La Guacharaca” a ver cómo los comediantes los imitaban.

Esa era la Venezuela que yo conozco. Y luego el Plan de Becas Mariscal de Ayacucho, del cual me beneficié después de haberme graduado de médico para poder hacer el posgrado.

Ustedes dirán: “Oye, pero tuviste mucha suerte”. Es que no solamente la tuve yo, la tuvo toda mi generación, porque no fueron uno ni dos enchufados los que se fueron al exterior o los que se becaron en Venezuela o los que pudieron ir a los liceos y universidades venezolanas. Fueron cientos de miles de venezolanos jóvenes los que tuvieron esa oportunidad de formarse para transformar el país. lamentablemente, ustedes saben lo que pasó.

Lo que pasó fue que cuando esa generación tuvo la oportunidad de llegar al poder o llegar a promover el país, a fundar empresas o hacer profesionalmente a Venezuela una mejor Venezuela, los precios del petróleo colapsaron.
Se hizo evidente la irresponsabilidad de ciertos políticos, no de todos, de haber sobreendeudado el país y de haber sentado una corriente de corrupción, una ola de corrupción que hizo que mucha gente, en vez de estudiar para trabajar y hacer progresar el país, no veía la hora de conseguir una prebenda del gobierno de turno para hacerse rico.

Este cambio cultural en la mentalidad del venezolano se hizo más perniciosa con la llegada del chavismo, que aprovechando la ruptura de la ética política venezolana, emergió como una solución militarista a una Venezuela que se estaba cayendo ya. Después de haber emergido como un titán en Latinoamérica, estaba empezando a mostrar las grietas de unos fundamentos más dirigidos a ver el Estado como la oportunidad de hacerse rico que con una juventud pujante y educada destinada a crear un mejor futuro para sus hijos y sus nietos.

El llamado hoy, entonces, es a la juventud, a esa juventud a la cual una vez pertenecí, a retomar su destino. Esa juventud hoy se ha fracturado en dos grandes grupos: los que han salido del país y los que se han quedado. Los que han salido del país no tienen por qué excusarse de haberse ido.
Yo también lo hubiera hecho y de hecho lo hice. Por razones diferentes, pero lo hice, buscando un destino mejor para mí y para mi familia. Sin embargo, un país no se hace con la gente que se va del país, que, como dije, no hay por qué disculparse. Es todo su derecho de buscar un mejor destino.

Entonces, mi llamado es a los que se quedaron. Los que se quedaron tienen que organizarse. Los que los precedieron arruinaron el país Y un pequeño grupo de los que se quedaron, con una cultura corrupta de vulgares ladrones, no hicieron otra cosa durante esta tragedia venezolana que usar lo peor de la política anterior para lucrarse.

Todo esto hace que el país hoy sea una colonia de un autócrata estadounidense. Y lo digo así porque no creo que los Estados Unidos, bajo un gobierno democrático, respetuoso de las leyes y la Constitución de los Estados Unidos, hubiera hecho con Venezuela lo que en este momento está haciendo Donald Trump, y su cabeza visible y dolorosamente latinoamericana en raíces que representa Marco Rubio. De tal manera que mi llamado es a la juventud a organizarse, a crear nuevos partidos políticos.

Olvídense de los anteriores. Los anteriores están tachados de corrupción. Entonces, hay que organizarse, formar nuevos partidos y empezar a luchar para cambiar lo que está pasando en Venezuela, porque nadie los va a venir a ayudar desde afuera, ni Estados Unidos, ni la Unión Europea, ni nadie. Ni los santos tampoco los van a venir a ayudar, ni la Virgen los va a venir a ayudar. La ayuda va a venir de ustedes mismos.

Como es la juventud ucraniana la que ha hecho que Ucrania hoy tenga un chance de sobrevivir la invasión rusa. Sé que no es fácil en medio de la ruina y del bochorno de ver su país sometido a explotarse como una colonia, con un liderazgo político traidor y corrupto, dispuesto a vender a su madre con tal de vivir cómodamente en Miami. Sin embargo, no hay otra alternativa.

Ya pareciera que no los quiere nadie. Ese mismo líder que ustedes piensan que ha ayudado a Venezuela, está maltratando agresiva y condenablemente a los venezolanos que habitan en los Estados Unidos y que vinieron confiando en que un gobierno democrático que les podía dar asilo.

Ya ven lo que está pasando en Colombia, en Chile y en otros países que en un momento les dieron un espacio para sobrevivir y progresar. Así es que no tienen otra salida que echar para adelante dentro de Venezuela.

Hoy hay que ducarse, autoeducarse con los recursos tecnológicos que Internet y la inteligencia artificial ofrecen hoy, promover empresas y organizarse políticamente por la supervivencia de Venezuela y por el futuro de sus hijos y sus nietos, porque el mundo quiere ver a la juventud venezolana asumir su reto histórico.

Esa es mi única esperanza para la Venezuela que me vio nacer. Y nada va a ganar Venezuela con el recibir inversión extranjera, que no es la primera vez que la ha recibido y que esa inversión se quede en los bolsillos de un grupito de venezolanos que no ven la hora de irse al exterior a vivir cómodamente.

Mientras ustedes, la juventud venezolana, está pasando por lo que está pasando. Y de nuevo les reitero mi opinión de que irse es una solución, pero no es la solución al amor por la patria.
A los que se van, a los que se han ido, ya saben lo que pasa. Se crean nuevas afiliaciones, se crean nuevos vínculos, se tienen hijos en el extranjero que terminan siendo menos venezolanos que sus padres y llega un momento en que por más que se quiera regresar, ya no se puede.

como decía mi madre cuando me vio partir del aeropuerto de Maiquetía, y le dije: “Madre, no se preocupe que yo regreso”. Y me dijo: “Yo sé que vas a regresar una que otra vez a visitarnos, pero ya ustedes no regresan. Tú y tus hijos no regresan a Venezuela”. Mamá era de Bolívar, de Upata, y me dijo: “Nadie que se fue de Upata para Caracas y dijo que iba a regresar, regresó a Upata nunca”.

Interesante reflexión de una madre que ya había visto esto antes. La gente que se va rara vez regresa. Entonces, de nuevo, mi llamado es a los que se quedaron, a los que han sobrevivido prisión, violencia, tortura.

Tienen que organizarse, tienen que buscar nuevos liderazgos entre ustedes, soñar con una Venezuela mejor y olvidarse de estar buscando mesías, ni masculino ni femenino. A Venezuela no la va a transformar ni un hombre ni una mujer.
La tiene que transformar una generación, como la generación de jóvenes que fundaron los Estados Unidos.. La juventud, que ha sido históricamente la que transforma la historia. Los viejos no quieren transformar nada, porque ya los viejos están cómodos o están agotados de trabajar.

La responsabilidad queda en los jóvenes, lamentablemente, los jóvenes que nos siguieron a nosotros, la generación del 50, no hemos hecho un buen trabajo creando un nuevo país. Venezuela tiene que parar esa hemorragia de talento joven que está yendo a cualquier parte del mundo a dejar su vida y su genética afuera, y tiene que retomar su turno histórico para transformar a Venezuela, pero eso solo se puede hacer organizadamente. Hay que crear grupos estudiantiles activos y fundar nuevos partidos. La democracia venezolana que ayudó a sacar el país adelante fue hecha por toda una generación que vino del año 28.

La generación del 28 fue una cantidad de jóvenes que fundaron la democracia. Venezuela hay que refundar la democracia y quitarse de encima tres cosas que a mi juicio tienen parado al país. La conciencia de que no se puede hacer nada sin ayuda externa. Ayuda que no va a venir sino a buscar ganancia e irse.

Porque ningún país del mundo tiene la responsabilidad de sacar a Venezuela adelante, sino su propia gente, la que ha nacido allá. Segundo, la actitud de que ya todo está perdido y que aquí lo que queda es que el último apague la luz y se pueda ir con la mayor cantidad de dólares que haya podido conseguir trabajar o robar. Y la tercera es aceptar que el país solo va a salir adelante con la unión, sin odios y con confianza en los venezolanos mismos.

Mientras los venezolanos sigan pensando que el vecino, el compatriota, es el enemigo, los vivos van a seguir prosperando y el país nunca se va a recuperar. Ese es mi llamado hoy a la juventud venezolana.
Por parte de un viejo que una vez formó parte y soñó con una Venezuela próspera y para la cual me preparé. Pero como yo, muchos pensamos que no teníamos que participar en la actividad política, que la política era para los políticos, que nosotros íbamos a hacer patria graduándonos de algo, creando empresas, trabajando profesionalmente con excelencia. Y

Descuidamos la política. Y los cargos políticos los ocuparon los inescrupulosos, los ladrones y los vendepatria y mientras nosotros prosperábamos individualmente, esta gente se hizo rica destrozando el país para su propio peculio.

Así es que, como dijo una vez un político: “Manos a la obra, sí se puede, juntos somos más”. Y esta juventud sí camina. ¿Quién dijo miedo? Pa’lante es que vamos, sigamos adelante. Y toda esa cadena de eslóganes que hemos repetido hasta el cansancio, pero que todos pasan por un factor común: la unidad, la organización y el amor por Venezuela. De lo contrario, no somos ni nunca seremos un país.

José Antonio Cisneros

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