¿QUÉ EXPORTA VENEZUELA ADEMÁS DE PETRÓLEO ?
Hace muchos años, cuando estudiaba en Estados Unidos, tuve una conversación con un compañero mexicano que estudiaba economía. No recuerdo su nombre. Curiosamente, recuerdo perfectamente su rostro y nuestras conversaciones, pero el nombre desapareció de mi memoria. Cosas de la edad.
Un día me hizo una pregunta aparentemente muy sencilla:
—José Antonio, ¿qué exporta tu país?
—Petróleo —le respondí inmediatamente.
—Sí, claro. Eso lo sabe todo el mundo. Pero ¿sabes qué otra cosa exporta Venezuela?
No tenía idea.
Entonces me respondió:
—Capitales.
Aquella respuesta me sorprendió. Hasta entonces nunca había pensado que el capital pudiera “exportarse”. Para mí, exportar significaba petróleo, cacao, café, minerales: cosas que uno podía imaginar saliendo de un puerto.
Mi amigo me explicó algo mucho más interesante. Venezuela recibía enormes cantidades de dinero por sus exportaciones petroleras, pero una parte de ese capital terminaba fuera del país: cuentas bancarias, propiedades, inversiones y otros activos en el extranjero.
Y aquella conversación cambió mi manera de mirar la economía venezolana.
Con los años entendí que el fenómeno es bastante más complejo de lo que parecía aquella tarde. No todo dinero que sale de un país constituye fuga de capitales. Una persona puede invertir legítimamente en otro país, comprar una propiedad o diversificar sus ahorros. Eso ocurre en todas las economías abiertas.
La pregunta interesante es otra:
¿Por qué el capital decide irse?
El capital tiene una característica peculiar: busca seguridad, estabilidad y oportunidades. Cuando quienes poseen ahorros temen inflación, devaluaciones, cambios bruscos de las reglas económicas o simplemente encuentran mejores oportunidades fuera, una parte de ese capital comienza a cruzar las fronteras.
Y entonces aparece una paradoja particularmente importante para un país petrolero como Venezuela.
Durante décadas entraron al país enormes cantidades de dólares provenientes del petróleo. Pero recibir una gran cantidad de dinero no garantiza que ese dinero termine transformándose en capacidad productiva.
Para eso hacen falta empresas, infraestructura, tecnología, educación, investigación, instituciones y, sobre todo, condiciones que hagan atractivo invertir y mantener el capital dentro del país.
Por eso hoy pienso que mi amigo mexicano no solamente me estaba enseñando economía. Me estaba haciendo una pregunta mucho más profunda sobre Venezuela.
Porque quizás la pregunta fundamental no sea:
¿Cuánto dinero salió de Venezuela?
Sino:
¿Por qué, en distintos momentos de nuestra historia, tantos venezolanos han preferido mantener una parte de su patrimonio fuera del país?
No existe una respuesta única. Inflación, devaluaciones, controles cambiarios, incertidumbre política y económica, corrupción, oportunidades de inversión y confianza institucional han intervenido de distintas maneras y en distintos períodos.
Y tampoco debemos cometer el error de confundir inversión legítima en el extranjero con corrupción o dinero ilícito. Son fenómenos diferentes, aunque algunas veces puedan cruzarse.
Pero hay algo que sí podemos preguntarnos.
¿Qué habría ocurrido si una mayor proporción de aquel capital hubiera encontrado razones suficientes para quedarse en Venezuela?
¿Cuántas empresas? ¿Cuántos empleos? ¿Cuánta infraestructura? ¿Cuánta tecnología? ¿Cuánta riqueza adicional podría haberse producido?
No lo sabemos. La historia no permite hacer ese experimento.
Pero después de tantos años todavía recuerdo aquella conversación y aquella pregunta:
—José Antonio, ¿qué exporta Venezuela?
Yo respondí:
—Petróleo.
Y mi amigo me enseñó que había otra respuesta:
—Capitales.
Quizás entender por qué ocurrió sea mucho más importante que simplemente calcular cuánto dinero salió.
Porque cuando el capital abandona un país, no solamente se está moviendo dinero.
También nos está diciendo algo sobre la confianza en su futuro.