La resistencia a los antibióticos: la pandemia silenciosa

La resistencia a los antibióticos: la pandemia silenciosa

Cada vez que se toma un antibiótico sin necesidad, las bacterias aprenden. No es una metáfora: es evolución en tiempo real. La resistencia a los antibióticos —cuando las bacterias dejan de responder a los medicamentos que antes las mataban— es considerada por la Organización Mundial de la Salud una de las mayores amenazas para la salud pública.

La llaman la pandemia silenciosa porque no hace ruido: avanza década tras década, mientras los antibióticos nuevos escasean. Ya hay infecciones comunes que requieren tratamientos de segunda o tercera línea, más caros, más largos y con más efectos secundarios.

Cómo se genera

Los antibióticos matan a las bacterias sensibles y dejan vivas a las resistentes, que se multiplican. Cada uso innecesario —un resfriado, una gripe, que son virus y no responden a antibióticos— es una oportunidad de entrenamiento para las bacterias.

También contribuyen el uso de antibióticos en animales de granja, la automedicación, los tratamientos incompletos (dejar de tomar a los primeros síntomas) y el uso excesivo en infecciones leves que el cuerpo resolvería solo.

Qué puede hacer usted

Tres reglas simples. Primera: no pida antibióticos al médico para un resfriado o una gripe. Si el médico dice que es viral, tiene razón y el antibiótico no le hará nada bueno.

Segunda: si el médico se los receta, complete el tratamiento completo, a las horas indicadas, aunque se sienta mejor antes. Cortar a mitad deja vivas a las bacterias más resistentes.

Tercera: nunca comparta antibióticos ni guarde sobras para la próxima vez. Lo que le funcionó a usted con aquella infección puede ser inútil —y dañino— para otra persona con otra bacteria.

El futuro que decidimos hoy

Los expertos calculan que, sin cambios, las infecciones resistentes podrían causar millones de muertes al año en las próximas décadas. No es ciencia ficción: ya ocurre en hospitales con bacterias como el estafilococo resistente a la meticilina.

La buena noticia es que cada persona puede contribuir a frenar el problema con decisiones simples. Usar antibióticos solo cuando hacen falta, y exactamente como el médico indica, es un acto de responsabilidad que protege no solo su salud, sino la de toda la comunidad. La próxima vez que un médico le diga que no necesita antibióticos, agradézcaselo: le está cuidando más de lo que parece.

Dr. Jose A. Cisneros, MD,Ph.D @drcisneros.com

Comparte este artículo

WhatsApp Telegram Facebook X LinkedIn Email