La IA ya no es el futuro: ¿qué podemos hacer realmente con ella?

La IA ya no es el futuro: ¿qué podemos hacer realmente con ella?

Hoy quiero hablarles de algo que llevo aproximadamente dos años experimentando y que durante los últimos meses se ha convertido en una herramienta cotidiana para mí: la inteligencia artificial.

Pero no quiero hablarles de la IA desde la perspectiva del espectáculo tecnológico, de las grandes predicciones ni del famoso efecto «wow». Quiero hablarles desde la experiencia de alguien que ha intentado descubrir para qué sirve realmente en la vida diaria.

La inteligencia artificial comenzó para muchos de nosotros como una especie de «super Google»: uno hacía una pregunta y recibía directamente una respuesta. Pero rápidamente descubrimos que podía hacer mucho más: escribir, resumir, programar, crear imágenes, traducir, producir música, analizar información y ayudarnos a desarrollar ideas.

Y aquí aparece una pregunta mucho más interesante: si la inteligencia artificial puede hacer tantas cosas, ¿dónde queda el valor de lo que nosotros sabemos hacer?

En esta reflexión hablo sobre el ciclo de adopción de las nuevas tecnologías: el entusiasmo inicial, el efecto «wow», la experimentación y finalmente el momento en que una tecnología deja de ser una novedad y se convierte simplemente en una herramienta.

También reflexiono sobre algo que me preocupa particularmente: cuando delegamos una habilidad a una máquina, ganamos eficiencia, pero podemos perder la destreza de hacerla nosotros mismos.

La máquina de coser es un buen ejemplo. Si una máquina puede hacer una costura más rápida, precisa y resistente que nosotros, probablemente tenga poco sentido insistir en coser a mano solamente para demostrar que podemos hacerlo.

Lo mismo está ocurriendo con la programación, el diseño gráfico, la traducción, la escritura, la producción audiovisual y muchas otras actividades.

Pero hay una paradoja: cuando una herramienta extraordinariamente poderosa está disponible para millones de personas, saber utilizarla deja de ser una ventaja suficiente. La verdadera diferencia comienza a estar en las ideas, el criterio, la experiencia y la capacidad de saber qué queremos construir.

Ese es quizás el cambio más importante que está produciendo la inteligencia artificial: no necesariamente convierte a una persona en experta, pero puede darle a una persona con una buena idea la capacidad de hacer cosas que antes requerían todo un equipo.

¿Estamos entrando en una época en la que una sola persona podrá hacer el trabajo que antes necesitaba una pequeña empresa?

De eso, precisamente, conversamos hoy.

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DrCisneros.com

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