JOVEN AYACUCHO

JOVEN AYACUCHO

El futuro de Venezuela está en tus manos

Hay momentos en la historia de un país en los que una generación recibe una responsabilidad que no puede delegar.

Creo que Venezuela está viviendo uno de esos momentos.

Y esa responsabilidad pertenece, sobre todo, a sus jóvenes.

No porque los jóvenes tengan todas las respuestas.

Sino porque son ellos quienes tendrán que vivir con las consecuencias de lo que Venezuela llegue a ser.

Durante demasiado tiempo hemos esperado que alguien venga a resolver nuestros problemas.

Un presidente.

Un partido.

Un ejército.

Un gobierno extranjero.

Un salvador.

Pero las naciones no se construyen esperando salvadores.

Se construyen cuando una generación decide asumir su destino.

Y Venezuela todavía tiene algo extraordinario que defender.

Tiene territorio.

Tiene recursos naturales.

Tiene petróleo.

Muchísimo petróleo.

Debajo de nuestra tierra existe uno de los grandes patrimonios energéticos del planeta.

Pero ese petróleo no es la solución.

Es solamente una herramienta.

La verdadera pregunta no es cuánto petróleo podemos sacar.

La pregunta es:

¿Qué vamos a hacer con la riqueza que ese petróleo puede producir?

¿Volveremos a convertirla en privilegios para unos pocos?

¿Volveremos a financiar corrupción, clientelismo y poder político?

¿O tendremos la inteligencia de convertir esa riqueza en algo que permanezca mucho después de que el último barril haya sido extraído?

Podemos convertir petróleo en escuelas.

En universidades.

En hospitales.

En electricidad.

En agua.

En infraestructura.

En ciencia.

En tecnología.

En empresas.

En conocimiento.

En oportunidades.

Podemos convertir petróleo en futuro.

Pero para hacerlo necesitamos algo que vale mucho más que el petróleo:

una generación preparada.

Por eso, si eres joven y estás en Venezuela, no pienses que tu país ya está perdido.

No permitas que te convenzan de que tu única alternativa es marcharte.

Y tampoco permitas que te hagan creer que quedarte significa resignarte.

Puedes quedarte para construir.

Puedes estudiar.

Puedes aprender.

Puedes emprender.

Puedes utilizar Internet y la inteligencia artificial para adquirir conocimientos que antes estaban reservados para quienes podían viajar al extranjero.

Puedes crear empresas.

Puedes investigar.

Puedes organizarte con otros.

Puedes participar en tu comunidad.

Puedes participar en la vida pública.

Puedes construir nuevas instituciones.

Y sí, puedes participar en política.

Porque uno de los grandes errores de mi generación fue pensar que la política podía dejarse exclusivamente en manos de los políticos.

No puede.

Cuando los ciudadanos responsables abandonan la política, alguien ocupa ese espacio.

Y Venezuela ya pagó demasiado caro ese error.

No busquen un mesías.

Busquen compañeros.

No esperen que una persona cambie Venezuela.

Construyan una generación capaz de cambiarla.

Una generación que entienda que democracia no significa solamente votar.

Significa instituciones.

Ley.

Libertad.

Responsabilidad.

Honestidad.

Respeto por quien piensa diferente.

Y capacidad de trabajar juntos aun cuando no estemos de acuerdo.

Venezuela no necesita que todos pensemos igual.

Necesita que volvamos a creer que podemos construir juntos.


A quienes se fueron no los condeno.

Cada venezolano tiene derecho a buscar una vida mejor.

Pero quienes permanecen tienen delante una tarea histórica.

Porque Venezuela no puede reconstruirse solamente desde el extranjero.

Alguien tendrá que estar allí.

Alguien tendrá que levantar las universidades.

Alguien tendrá que crear las empresas.

Alguien tendrá que recuperar los hospitales.

Alguien tendrá que reconstruir las instituciones.

Alguien tendrá que enseñar a los niños.

Alguien tendrá que extraer responsablemente el petróleo.

Alguien tendrá que convertir esa riqueza en bienestar.

Ese alguien serán ustedes.


Quizás dentro de treinta años Venezuela vuelva a necesitar jóvenes que digan:

“Este país es nuestro.

No vamos a heredarlo destruido.

Vamos a reconstruirlo.”

Ese día no necesitarán recordar la Venezuela que fue.

Habrán construido una Venezuela nueva.

Una Venezuela donde nadie tenga que enriquecerse robándole al Estado.

Donde estudiar vuelva a ser un camino hacia el progreso.

Donde el talento no tenga que emigrar para encontrar oportunidades.

Donde la riqueza del subsuelo se convierta en bienestar para quienes viven sobre él.

Y donde un joven venezolano pueda mirar a sus hijos y decir:

“Yo decidí quedarme.

Yo decidí construir.

Yo fui parte de la generación que volvió a levantar a Venezuela.”

Ese es el verdadero reto.

No salvar un país.

Construirlo.

No recuperar el pasado.

Crear el futuro.

El petróleo está debajo de nuestra tierra.

Pero el verdadero tesoro de Venezuela está arriba.

Está en ustedes.

Jóvenes venezolanos:

el testigo está en sus manos.

No permitan que se les escape.

Ahora les toca a ustedes.

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